dimarts, 6 d’agost de 2013

EL DESTINO DE UN SOÑADOR QUE NACIÓ PARA SER LIBRE

Decimotercer capítulo- AUNQUE NO LO PAREZCA, QUIERO

Asimilar esa información seria duro en cualquier otra circunstancia. Si no fuera porque ya estamos demasiado metidos en esto como para dar marcha atrás, y porque estoy cogiéndole cariño y aprecio a esta chica, puede que dijera “¡basta!” y acabara con todo en un segundo. Pero no, estoy dispuesto a esto igual que ella estuvo dispuesta a ayudarme a mí. Y no puedo dejar marchar a una persona así tan fácilmente…
No puedo ver su rostro claramente, pero sé que denota preocupación. Puede que por todo, por ella, por mí, por esto. Estamos jugando a un juego donde equivocarnos de pieza podría echarlo todo a perder. Incluso matarnos. Pero estoy decidido. Aunque tampoco aguantaría mucho allí fuera sin ella.
 Sin poder encontrar sus ojos en esta oscuridad que aumenta por momentos, hablo.
-          Pues vamos. No he cambiado de opinión, Alek. Y no lo voy a hacer- en mi voz noto una seguridad que en realidad no siento.
-          ¿Estás seguro?- Y noto como sus dedos se clavan en mi muslo. Tiembla.- Puedes dejarlo cuando quieras. Incluso creo que sería mejor así. Sí, dejemos todo esto y…
-          No, Alek- replico con más decisión aún-. La decisión está tomada. No pienso dejar esto aunque me supliques. No ahora cuando tenemos una oportunidad de conseguirlo.
Alek se queda callada. Supongo que piensa. Estoy a punto de decirle que no lo haga, que no hay nada que pensar. Ya está decidido. Pero antes de eso habla.
-          De acuerdo.- Aunque aún no está segura del todo.- Podemos intentarlo.
Me levanto. Parece que la oscuridad me da decisión. Aunque en realidad estoy asustado. Muy asustado. Aun así, le tiendo una mano en la negrura de esta noche efímera. Cuando rozo sus dedos, le cojo la mano entera y la empujo hacia mí.
-          Debemos intentarlo.
Noto su sonrisa, su suspiro de alivio, cansancio, no lo sé. Pero solo necesito esa oportunidad que tenemos, por muy limitada que sea, de poder cambiar su destino.
Andamos con cautela hacia el comienzo del callejón, poniendo toda nuestra atención a los ruidos que se producen allí fuera. Parece que no hay mucha gente, tan sólo dos hombres, aparentemente normales, charlando sobre una jugada de futbol al parecer realmente fascinante. También hay tres niños un poco más allá.
Caminamos por el callejón despacio. Yo solo imito los movimientos de Alek, que parece mucho más natural y creíble que yo. Esta calle se divide en otras cuatro calles. Alek escoge la primera empezando por la izquierda. Pero ni un minuto ha pasado cuando alguien me dirige la palabra.
-          Eh, chaval, espera. Tenemos algo importante que preguntarte y de aquí no te mueves sin responderlo- oigo una voz detrás de mí, que habla con imposición.
Me quedo parado, helado, con los ojos como platos y sin saber qué hacer. Alek se gira, y mira a los dueños de las voces con una sonrisa casi imperceptible, más falsa que judas, por supuesto. Me mira a mí durante una milésima de segundo y vuelve su mirada a ellos otra vez. Pero tengo suficiente para que me llegue el mensaje que desea enviarme.
Me giro, para descubrir que esas voces pertenecen a los hombres que estaban hablando sobre futbol. Les dedico una sonrisa curiosa.
-          Dispara.- Y me doy cuenta de que nunca antes había pronunciado esa palabra.
Los hombres se acercan y ríen como un par de hombres de las cavernas. Una risa fuerte y una palmada en el hombro aún más dolorosa acompañan a su pregunta.
-          ¿Vistes anoche el Barcelona-Madrid?- dice el que me pega un codazo en las costillas.
Ignoro el dolor de sus golpes “cariñosos” y me apresuro a contestar.
-          No, lo siento.-Y creo que mi cara es de buen arrepentimiento.- ¿Me perdí algo?- Al principio me enorgullece haber actuado tan bien. Pero después, al darme cuenta de la pregunta que he formulado se me cae el alma a los pies.
Resulta que estos tipos son de esa clase de personas que tarda una eternidad en contarte algo. Eso sí, lo hacen con pelos y señales. He escuchado algunas conversaciones así en el instituto, y no quiero vivirlas de primera mano. Ni hablar. Así que me apresuro a decir algo.
-          Pero lo siento, ahora no tengo tiempo. Tengo a una bella dama esperando- interrumpo una impresionante jugada  de Messi, cuyo nombre no he escuchado en mi vida. Puede incluso que esté muerto ya.
Ellos miran a Alek, olvidando el futbol. Me sonríen con complicidad y cierto tono en sus risas que no me gusta nada. Me dan asco. Doy media vuelta y me uno a Alek, que ya ha empezado a caminar. En otras circunstancias, alguien muy diferente a Alek, seguramente habría bromeado sobre lo de “bella dama”, pues tampoco nunca antes lo había dicho. Ni siquiera sé por qué lo he dicho ahora. Sólo quería deshacerme de esos tipos de una vez por todas.
El resto del camino es bastante silencioso. Apenas hay gente por estas calles ya, llenas de bloques de pisos y alguna casa, cada cual más vieja que la anterior. Parece que este lugar está bastante organizado. Pero yo no puedo seguir viendo su preocupación bajo esa cara de póker, no puedo seguir con este silencio. No con tantas preguntas que acaban de asaltarme la cabeza al ver que nos acercamos a nuestro destino.
-          Pero…- Y en este silencio tan absoluto, en esta nada tan penetrante, parece que chille. Así que bajo el tono de voz, como si fuese un delito lo que voy a decir. Aunque… creo que sí lo es- ¿cómo sabremos que lo que tenemos en nuestras manos es la esencia? ¿Cómo sabremos que todo esto no se ha convertido en un juego de casualidades?
Alek duda. Contesta con su aún cara de póker.
-          No lo sé. Nunca he estado cerca de una esencia. Notaremos su poder, notaremos como la emoción de la esencia se une a nosotros. Como la inmortalidad roza nuestro cuerpo. Supongo…
Esta pregunta me deja claro que, a partir de ahora, todas las dudas que tenga no tendrán una respuesta concreta. Tan sólo suposiciones. Porque intuyo que, en estos momentos, Alek sabe lo mismo que yo: Nada.
-          Ah- Alek abre mucho los ojos. Se acaba de acordar de algo.-, no nos podemos separar mucho. Nuestra conexión desaparecería y yo despertaría de inmediato. Puede que tú también. No lo sé.
-          De acuerdo.
Y todo vuelve a ser como antes. No hay nadie en la calle. Alek no dice nada. Yo no digo nada. Temo que alguien, donde quiera que esté, nos escuche. Porque todo el mundo podría sospechar de nosotros ahora.
El camino es largo, y aburrido. Es perfecto para pensar, pero no puedo pensar en nada. Tampoco sabría en qué hacerlo. Todo esto es extraño, y contra menos piense en todo este mundo y en las posibilidades que tengo de acabar vivo, mejor. Pero al parecer Alek sí que tiene mucho de lo que pensar. Y eso me pone los pelos de punta. Me pregunto si estará ideando un plan, si estará pensando en cómo me ha metido de lleno en esto. Y no quiero que piense eso, porque estoy aquí porque quiero. Nadie me ha obligado. Y no me arrepiento de mi decisión.
Podría estar pensando en tantas cosas…
Pero… ¿estará pensando en las palabras de ese primer humano soñado, esas que se han grabado a fuego en mi mente tan fuerte? Porque en mi cabeza no paran de sonar…
Antes de que pueda romper yo mismo este silencio que me agota, lo hace ella.
-          Allí está, al final de esta calle. El bosque.

Su dedo señala unos metros más allá, justo al final de esta bifurcación. El primer árbol tiene las hojas de un verde vivo, el de al lado de un amarillo apagado. Y el de un poco más allá, de un marrón muerto. Ese es, el bosque donde la oscuridad y los oscuros se hallan. Es decir, donde todas las pesadillas se encuentran, incluso las mías.

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