divendres, 23 d’agost de 2013

EL DESTINO DE UN SOÑADOR QUE NACIÓ PARA SER LIBRE

Decimoquinto capítulo- ES ALGO PELIGROSO, NO ES UN JUEGO

Alek me tiende una mano. Yo la cojo y me levanto con su ayuda. Al principio me tiemblan las piernas, titubeo a la hora de caminar, pero de seguida recupero el control de mi cuerpo.
-          ¿Hacia dónde vamos ahora?- pregunto mirando el lago con cara de horror. Una mancha roja se ha creado justo donde el lobo estaba antes.
Me alejo un poco más del agua, quiero estar lo más alejado de esa cosa como me sea posible.
-          No tengo ni idea. Pero tenemos que ir con más cuidado.
Alek empieza a caminar al lado del lago, como si quisiera bordearlo. Yo me coloco a su lado derecho, y miro el lago como si fuese algo vivo que pueda despertar en cualquier momento y derrumbar todo el bosque. Y tal vez sea así, quien sabe, aquí puede ocurrir cualquier cosa, ¿no?
Me siento un poco mal porque por culpa de mi idiotez casi morimos los dos, yo devorado por la bestia aquella, y ella arrastrada por su destino. Tengo que tener mucho más cuidado. Al poner mi vida en peligro pongo la suya también. Así que lo que me estoy jugando es demasiado como para tomárselo en broma.
Seguimos caminando una hora más, sin llegar a ningún lado en concreto. El lago parece infinito, y ni siquiera tenemos un punto de referencia para saber cuándo le hemos dado media vuelta. Y mis pies están cansados, todo yo estoy cansado por todo lo que está pasando en este día. Y creo que ella también. Cuando la observo puedo ver como sus parpados se caen y el esfuerzo que hace ella por seguir en pie. Como no lo dice, lo digo yo.
-          Alek, admítelo, esto es inútil. No sabemos a dónde vamos, ni dónde estamos. Ni siquiera sabemos qué buscamos. Y sé que tenemos poco tiempo, pero tenemos que descansar unas horas.- Pero Alek hace como si no me escuchase.- Alek, por favor, tenemos que buscar un lugar seguro donde refugiarnos si no quieres que acabemos tirados en el suelo por el agotamiento y que nos ataque otra bestia.
Se para en el sitio, y me mira sin verme. Cierra los ojos y se lleva la mano a ellos mientras agacha la cabeza.
-          Tienes razón, Ales. Necesitamos descansar. Vamos, nos adentraremos en el bosque para encontrar algún sitio seguro.
Y vuelve a encabezar la marcha, caminando a través de unos arbustos para introducirse en el interior del verde bosque. La sigo, y el sitio donde nos encontramos es ahora muy diferente. Moras y otras clases de frutos extraños yacen en árboles y arbustos. Me ruge la barriga de tal manera que se me hace la boca agua. Las moras están tan rojas… Y están al alcance de mi mano… No creo que sea malo que coja una…, bueno dos, otra para Alek. No, son simples moras, y si no comemos pronto será el hambre lo que nos mate.
Alargo mi mano y alcanzo dos moras. Las miro, están tan rojas. Tienen tan buena pinta…
-          Alek, ten, ¿quieres una mora?- le digo dándole un golpecito en la espalda y metiéndome una en la boca- Mmm… Están buenísimas- comento tragándomela después de saborearla bien.
Lo último que veo es a Alek girándose hacia mí con tal brusquedad que me golpea la mano y la mora que le estaba ofreciendo sale disparada. “¡NOOO!”- le escucho gritar. Pero yo ya no la veo a ella. Sólo veo a las preciosas moras que me sonríen desde su arbolito. Y me hablan, me piden que vaya hacia ellas. Y son tan preciosas… Tengo que complacerlas. Ahora me gritan que vaya ya. Voy corriendo, no quiero que se enfaden. Las quiero. Sólo las quiero a ellas. Y su dulce voz es tan melódica… Las cojo todas con rapidez mientras ríen por lo bajo. Me las tengo que comer todas. Es lo que ellas quieren. Y sólo me importan ellas. Y su rojo resplandece en mis dientes mientras sonrío. Pero lo escupo. Me llevo otra a la boca y la vuelvo a escupir contra mi propia voluntad. ¿Pero qué pasa? ¡¿Qué  coño pasa?! ¡QUIERO MIS MORAS, JODER! Pero con todo y con nada, caigo al suelo. Cierro los ojos mientras noto un fuerte dolor en mis dos mejillas. Primero en una y después en otra, seguidamente. Y después algo en mi boca, algo húmedo que se mueve con delicadeza y que me acaricia.
Y vuelvo a abrir los ojos. Y me encuentro a Alek muy cerca de mí. A tan sólo unos centímetros están mis labios de los suyos. Me pongo rojo como un tomate mientras en un susurro tímido le pregunto, tan quieto que si no fuera por el color de mi cara y la respiración agitada se podría dudar de mi vida.
-          ¿Qué haces?
-          Pues quitarte todo el asqueroso veneno que se te ha quedado en la boca al comerte la mora- dice mientras se aparta y me ayuda a levantarme. Se gira y escupe una saliva roja. Creo que más que salvarla a ella lo que siempre pasa es que es ella la que me salva a mí. Pero…
-          ¿Qué mora? ¿De que estas hablando?- Pero no tengo ni idea de lo que está diciendo.
-          ¿No te acuerdas?- Me mira con incredulidad.- ¿En serio?
No sé lo que está pasando aquí. ¿De qué se supone que me tengo que acordar? ¿Y por qué estaba en el suelo hace un momento? Creo que me he perdido un poco en esta conversación.
-          No… ¿Qué ha pasado?
Alek ya no parece sorprendida, supongo que suponía todo esto…
-          Has comido una mora. Y después no sé qué ha pasado que te has tirado hacia ellas como si fueran la cosa más bella que hubieses visto en tu vida, como encantado. Supongo que al comerte una te provoca una reacción en la que deseas comer más, y cuando has ingerido unas cuantas, mueres. Es la clase de cosas que hay aquí, Ales, así que ten cuidado y no comas nada de aquí. Ya iremos a otro sitio a buscar comida.
Me quedo atónito. ¿De verdad he hecho yo eso? No me acuerdo de nada… Pero supongo que es cierto, pues parece la clase de cosas que haría yo. Y me siento avergonzado, de nuevo. Que estúpido que soy, joder…
Cuando seguimos caminando no miro hacia ningún otro lado que no sea la espalda de Alek. Y cuando ella para de golpe me choco contra ella.
-          Shh- me ordena con un dedo en los labios, y me señala hacia un árbol-. Mira.
Pero no es un árbol cualquiera. Es el árbol más grande que he visto en mi vida. Tan ancho que ni diez personas cogidas de las manos conseguirían bordearlo. Pero no es eso lo que me indica Alek. Sino la enorme casa de madera que hay en una de las ramas más altas. Está altísimo. No creo que si alguien se tirase desde ahí sobreviviera. Y no es que sea algo muy complicado y enrevesado, tan sólo es como un cubo cuadrado enorme. Es sorprendente. Pero más sorprendente son los gritos que se escuchan prevenientes de la casa gigante.
-          ¡Corre, Noah! ¡Déjame aquí! No puedes abandonar la misión sólo por mí- dice con voz dolida.
-          Pero Dani, no puedo dejarte aquí, empezamos juntos y seguiremos juntos- y pone una voz de pito a pesar que está doblando a un chico.
Alek y yo, uno al lado del otro ahora, miramos y escuchamos embobados. Es un niño pequeño. ¿Qué hace un niño aquí? Me estremezco al imaginar qué clase de niño tiene que ser para estar aquí. Aunque la verdad es que por lo que se escucha parece un niño bastante normal…
Pero mientras Dani sigue con su historia, me doy cuenta de otra cosa, justo lo que estábamos buscando. Un agujero en el tronco. Pequeño, de unos cuarenta centímetros de alto y bastante estrecho, pero lo suficiente como para saber que el árbol está hueco y que nos puede servir como refugio.
-          Alek- susurro-, mira allí.-Y se lo señalo.
Veo como sonríe y empieza a correr de puntillas mientras me dice con la mano que la siga. Corro igual que ella, aunque yo mucho más nervioso y tembloroso. Y mirando todo el rato hacia arriba, donde Dani al final decide intentar seguir la misión con Noah.
Alek se tira al suelo y se desliza con agilidad hacia el interior del tronco. Cuando ya está dentro me tiro yo también. Aunque para meterme ahí tengo más problemas. Estoy delgado, pero no soy ágil. Y tengo los hombros anchos por culpa de la natación, así que me resulta aún más complicado entrar. Cuando ya llevo medio cuerpo metido dentro, Alek me agarra y me empuja para ayudarme a entrar. Después de un poco de esfuerzo y sudor, lo conseguimos. Y no dirigimos la palabra ni una sola vez. Sólo nos tumbamos, sin importar la oscuridad y lo que pueda haber en el suelo, y nos dormimos. Nos dormimos uno al lado del otro, espalda contra espalda.



Para mí no han pasado ni cinco minutos cuando pasa. Cuando escucho el tronco romperse a mis espaldas y veo los fragmentos de corteza a mi alrededor. El grito de Alek. Y unas manos firmes que me rodean el cuerpo con fuerza inmovilizándome por completo.

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